martes, 29 de octubre de 2013

ACARICIANDO EL SUELO


Acariciar el suelo con un tacón de aguja es un don que solo algunas poseen, algunas como ella. 

Estos zapatos de tacón que bien podría haber llevado la mismísima Rita Hayworth en Gilda, por su elegancia y sensualidad, pertenecen a una mujer que nada tenía que envidiarle, musa de su barrio, de su ciudad, adelantada a la juventud que le tocó vivir.

Entonces me vino a la cabeza aquella foto en blanco y negro de ella cogida del brazo de su marido con aquel elegante abrigo,su falda midi y los zapatos que yo no paraba de mirar, me traslado por unos segundos a aquel día y la imagino caminando por aquellas aceras de adoquines contonenado sus caderas de manera natural sin que el pie se le torciera ni un milímetro, mientras la ciudad sorda hasta entonces de aquel sonido despertaba al verla preguntándose de dónde había salido ella.

Comienza a contarme su historia mientras yo saboreo una rica tarta de manzana, la tarde no podía ir mejor;

" Cuando yo era joven en nuestra ciudad no se vendían zapatos de tacón, así que le encargué a una amiga que me los trajera de Madrid, yo me los ponía para salir a pasear los fines de semana, siempre me apasionaron los zapatos de tacón, la gente me miraba, pues no era habitual ver a una mujer con estos zapatos".

Entre risitas y sonrojos me confesó que en ocasiones los hombres la piropeaban diciéndole aquello de: " eso no es andar, eso es acariciar el suelo"

He de confesar que siempre me ha asombrado su belleza, su elegancia, su saber estar y la fuerza que la caracteriza, podría dedicarle horas a sus zapatos, a su armario que ella misma confeccionó, a su capa verde, a su chaqueta de corte Chanel, a sus ojos de azul penetrante, al brillo de su pelo.

Y es que ella es mi abuela ¡¡¡ PERO QUE BONITA ERES!!!







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